Mauricio LLaver
19 noviembre, 2017 21:00

Wislawa Szymborska

La primera noticia que tuve sobre Wislawa Szymborska fue en 1996, cuando ganó el Premio Nobel de Literatura. Es una poetisa polaca, que algunos definen como “existencialista”. Imagino que en las traducciones debe perderse mucho de su poesía, pero yo amo la simpleza y profundidad de estos poemas. Especialmente “La muerte (sin exageración)”, que me ha ayudado a seguir adelante con muchas cosas gracias a su frase final: “Lo que tú has recorrido, ella ya no lo puede borrar”. Tal vez se piense que esto no tiene nada que ver con el vino o la buena vida, pero yo creo que sí lo tiene, y en su sentido más profundo: buscar el placer y la belleza.

La muerte (sin exageración)

No es capaz de aceptar una broma, de encontrar una estrella, o de hacer un puente.

No sabe nada de telares, minas ni granjas, de construir barcos ni de hacer tortas.

Cuando planificamos nuestro futuro, tiene la última palabra, la cual no tiene nada que ver.

Ni siquiera hace bien las cosas que son gajes de su oficio: cavar una tumba, dejar todo limpio.

Preocupada de aniquilar, hace su trabajo con torpeza, sin sistema ni destreza, como si cada uno de nosotros fuera su primera presa.

Cierto, tiene sus triunfos.

Pero miren todas sus derrotas, ¡los golpes errados, los repetidos intentos! A veces ni siquiera tiene la fuerza de aplastar una mosca en el aire.

Son muchos los gusanos que la han abandonado.

Todos los tubérculos, las vainas, los tentáculos, aletas y tráqueas, plumajes nupciales y las pieles de invierno, muestran lo atrasada que está en su desganado trabajo.

No se le va a ayudar con mala voluntad, ni siquiera con nuestras guerras y golpes de Estado ¡Está tan atrasada!

Los corazones laten en los huevos, crecen los esqueletos de los bebés. Las semillas brotan con sus pequeñas hojas, los árboles crecen.

Quien afirme que es omnipotente, es prueba en vivo de que no lo es.

No hay vida que sea inmortal, ni siquiera por un momento.

La Muerte siempre llega un poco después. En vano tira la perilla de la puerta invisible.

Lo que tú has recorrido, ella ya no lo puede borrar.


Posibilidades

Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad de que el ser tiene su razón.


Nada dos veces

Nada ocurre dos veces
y no ocurrirá. Por esta razón
nacimos sin práctica
y moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los más torpes
alumnos en la escuela del mundo
no repetiríamos
ningún invierno ni verano.

Ningún día se repetirá,
no hay dos noches parecidas,
dos besos iguales,
ni dos miradas idénticas en los ojos.

Ayer, cuando a mi lado
alguien dijo tu nombre en voz alta,
sentí como si una rosa
cayera por la ventana abierta.

Hoy, estando juntos,
volví la cara hacia la pared.
¿Rosa? ¿Cómo es una rosa?
¿Es una flor? ¿O quizá una piedra?

¿Por qué, mala hora, te mezclas
con el miedo innecesario?
Existes -entonces tienes que pasar.
Vas a pasar- entonces esto es bello.

Sonrientes, tomados de la cintura
buscaremos un acuerdo,
aunque seamos diferentes
como dos gotas de agua pura.

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