Mauricio LLaver
27 septiembre, 2020 17:34

Wine Celebration (Cosecha septiembre 2020) / Newsletter de Mauricio Llaver

Este es un sitio para celebrar al vino y también a la comida, que es su aliado natural. Acá no se le dice a nadie lo que tiene que tomar. Si les gusta, brindemos. Y si no, no la lean, que está todo bien. Pero no dejen de tomar vino, ¿eh?

CÓMO VUELAN LOS PIBES DE VIÑA COBOS. Por suerte para todos, en Viña Cobos decidieron en los últimos años levantar su perfil y hacer un poco más conocidas las maravillas que estaban produciendo. Siempre elaboraron grandes vinos, pero como casi todo se vendía afuera, y a sus fundadores –Paul Hobbs, Luis Barraud y Andrea Marchiori- no les gustaban demasiado las luces, la comunicación era casi subterránea. Desde hace unos años, con el ingreso de Molinos Río de la Plata como socio de Hobbs, la cosa empezó a cambiar, y la sangre joven de Andrés Vignoni (enólogo) y Facundo Impagliazzo (viñedos) se trasladó también a la comunicación. Gracias a eso probamos, conectados con ellos vía Zoom, dos nuevos Bramare Pinot Noir 2019, uno del Valle de Uco y otro de la Patagonia (Río Negro, a 70 kilómetros de Choele Choel). Son una maravilla, con un nivel muy-muy alto entre los P.N. nacionales. Para llegar al viñedo de la Patagonia hacen 15 horas en camioneta, y ahí escanean metro a metro la 0,98 hectárea que encontraron para tener la uva que querían. Andrés y Facundo son dos jets supersónicos que vuelan bajo las alas protectoras de Paul Hobbs, que por suerte los deja hacer bastante. Y son capaces de empujar estos dos vinos, que en el caso del Patagonia sólo se vende en la tienda online ($ 3.100) y en el otro en algunas vinotecas, a $ 2.400, que bien valen la pena invertir. Para estos pibes, en serio que no hay límites.

Andrés Vignoni y Facundo Impagliazzo, dos jets supersónicos bajo las alas protectoras de Paul Hobbs.

LA HISTORIA SECRETA DE LINDAFLOR LA VIOLETA. Hace unos años, Marcelo Pelleriti me regaló una botella, sin etiqueta, de un vino que había hecho con granos de uva fermentados directamente en una barrica. Era un experimento que crearon con Catherine Peré-Vergé (propietaria de Monteviejo) y Michel Rolland, que tuvo una salida graciosa: Madame Catherine había ordenado que hicieran sólo cinco barricas y Marcelo hizo otras 75 a escondidas; cuando probaron el vino, le confesó lo de las barricas ocultas, y Madame, que tenía un carácter bravísimo, se enojó. Pero Rolland la miró y le dijo, mientras se reía: “No tenemos que reprocharle que hiciera 80; tenemos que reprocharle que no hiciera 200”. Así nació Lindaflor La Violeta, una línea que está siempre en mi top-top de vinos argentinos. Y elijo esa por no elegir los Chardonnay de Monteviejo o los Petite Fleur, que podría tomar todos los días. Lo más impresionante de Pelleriti es la naturalidad con que hace las cosas, desde ser un súper experto en microvinificaciones hasta compartir escenario musical con un perfeccionista como Pedro Aznar. Sus logros son fenomenales: primer enólogo argentino en conseguir un 100 Parker; creador del Wine Rock (así, de pasada, después de un asado de fin de cosecha), y ahora -esto es primicia-, alguien que está componiendo sus propios temas musicales y aprendiendo cine en Nueva York. Y último: ningún comentario sobre el Marce estaría completo si no dijera que es un gran tipo, querible, familiero, de una sola cara, y amigazo del alma para los que tenemos la suerte de conocerlo bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

Madame Catherine y el Marce, de pendejito, cuando se mandó la magnífica desobediencia.

 

BACO CONOCE A LA FAMILIA BRESSIA. En el mundo del vino hay muchos buenos tipos, y uno de ellos es Walter Bressia. Como si fuera poco, además produce unos grandes ejemplares, de esos pensados para algo bien de fondo. Hace unas semanas probé el Bressia Profundo (cosecha 2016), una bomba que hacía mucho que no degustaba y que, otra vez, me voló la cabeza. Es un tetra-varietal que, según él define, posee  “la pasión en el Malbec, el vigor en el Cabernet Sauvignon, el alma en el Merlot y la perseverancia en el Syrah”. Después de eso, hablar de los porcentajes de cada varietal me daría un  poco de vergüenza. El de Walter es un ejemplo absoluto de proyecto familiar, en el que cada uno de sus miembros–Marita madre, Marita hija, Walter hijo, Álvaro hijo, Antonella hija, Matías yerno- juega su rol. Y lo hacen con un espíritu hermoso, envidiable e inspirador, capaz de hacer frente a todas las adversidades. Cada vez que tomo uno de sus vinos, siento algo de eso: que es mucho más que un exquisito jugo de uva fermentada. Hay una pasión y un amor de muchos que se nota en cada detalle, desde la gratificación sensual de cada trago hasta el angelito que cuida los vinos desde cada etiqueta. La familia Bressia es un ejemplo, y el dios Baco está al tanto de eso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La familia Bressia, un ejemplo de amor y compromiso con el vino.

 

EL MONSTRUO DE LA GENTE. El Jose Bahamonde se define en su cuenta de Twitter como “el Jose de la gente”, y hace tantas cosas que es difícil resumirlas en una sola palabra. De hecho, cuando yo tenía que escribir alguna reseña sobre “In Vino Veritas”, le terminaba poniendo “el creativo José Bahamonde”, a pesar de que tiene un montón de títulos y especializaciones. El Jose es un monstruo, y para demostrarlo le pedí sencillamente que me mandara la lista de bodegas para las que ha trabajado con su socia Natalia Arena. Y le aclaré: “Sólo las bodegas, no las etiquetas”, porque sabía que la lista sería enorme. Me respondió: “Las etiquetas ya son casi 400” y me adjuntó la lista de proyectos para los cuales han creado “conceptos exitosos”. Ahí van: Monteviejo, Manos Negras, Zaha, Teho, Tinto Negro, Gimenez Riili, Finca Las Moras, Michel Torino, Estancia Los Cardones, Finca Uspallata, Lorenzo de Agrelo (Marcelo Tinelli – Hernán de Laurente), Itinerante Wines, Familia Kretschmar, Mauricio Lorca, Durigutti Winemakers, Lamadrid, Capítulo Siete, LoSance, Andillian, La Coste en Los Andes, Finca Bandini, Revancha (Roberto de La Mota), Peñaflor, Otro Loco Más, Vallisto, Felipe Staiti Wines, Abremundos (Pedro Aznar), Finca La Escuela, Casarena, Salentein, El Equilibrista, Eduardo Vidal Wines, Marcelo Pelleriti Wines, Bodega sinfín, Bodegas Marguerite, Eureka Wines, La Riojana, Anaia, Niño Terrible, Pasionarte, Juan Ubaldini Wines, Finca Vistagrande, Bapteme, Abito Wines, Matervini, Universo Vigil, Andeluna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Jose de la Gente: diseñate una etiquetita, monstruo.

 

EL VINO QUE SE CONSULTA CON LA ALMOHADA. Rutini tiene tantos grandes vinos que uno nunca sabe cuál puede ser el mejor. Pero la línea Antología es una garantía de que, en cada botella, hay una joya única e irrepetible. Se trata de cortes especiales, de añadas excepcionales, que Mariano Di Paola dice que define “en consulta con la almohada”. A mí me impresionó hace poco el Antología L (que significa 50, no “ele”, porque cada uno tiene un número romano). Es un blanco con 40% de Chardonnay de Altamira, 40% de Chardonnay de Gualtallary, 10% Gewürztraminer de Gualtallary y 10% Riesling de Gualtallary. Es una delicia absoluta, y para testigo tengo a mi amigo Federico Lancia, que estaba conmigo cuando lo probamos y nos miramos automáticamente con asombro. La línea Antología tiene fanáticos que compran todas las ediciones para armar verticales, entre ellos varios clientes de China. Y sus valores pueden dejar a algunos con la boca abierta, como el Antología V cosecha 1997, que en Mercado Libre se encuentra a… 185.000 pesos. En serio. Si lo Googlean, lo van a encontrar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra maravilla de Di Paola…

 

LA VIUDITA NO TAN ALEGRE. No es que lo tome todos los días, y ni siquiera todos los semestres, por así decirlo. Pero cada tanto tengo la posibilidad de probar un Veuve Clicquot, y la verdad que es una cosa especial. No sólo porque es champagne en serio sino porque también viene cargado de historia, y para mí eso tiene valor cuando pruebo un vino. La señora Barbe-Nicole Ponsardin se quedó viuda (veuve) de su marido Clicquot en 1805 y se hizo cargo de la empresa. Y creó, junto con sus ayudantes, el método de poner las botellas en pupitres con el cuello hacia abajo para que cayeran las levaduras, con lo cual transformó a la bebida en cristalina (porque hasta entonces las levaduras quedaban flotando en la botella). Con eso solo se ganó un lugar de primera categoría en la historia del espumante. Lo que sí, dicen que era de carácter fuertón, y que despreciaba tanto a su propia hija que la excluyó de toda decisión en la empresa, con lo cual la terminaron manejando los hijos de sus socios. Pero eso es otra cuestión, que no impidió que hace unos años Joaquín Sabina escribiera “La viudita de Clicquot”. Que parece que no era muy alegre, pero nos ha dado satisfacciones a millones con su creación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“ORO EN LOS VIÑEDOS”, DE LAURA CATENA, UNA INSPIRACIÓN. Bill Harlan ganó su primer dólar con el vino a los 20 años de haber creado Harlan Estate (y planifica sus viñedos para los próximos 200 años). Las raíces de la italiana Antinori se remontan a la Guerra de Troya y la misma familia elabora los vinos desde hace 26 generaciones. Una botella de Chateau D’Yquem flota en el espacio, ya que fue transportada por un astronauta francés. Adrianna Vineyard, a 1.450 metros sobre el nivel del mar, es resultado de la simple decisión de Nicolás Catena Zapata de “tomar el riesgo”, porque “si no lo probamos, nunca sabremos el límite del frío”. “Oro en los Viñedos”, de Laura Catena, está lleno de estas historias encantadoras. Pero no es un libro de recopilación de anécdotas sino una gran fuente de inspiración para los amantes del vino. Con formato de libro ilustrado, repleto de elementos de lectura rápida, el volumen resume las historias de Lafite Rothschild, Solaia, Chateau D’Yquem, Viña Tondonia, Harlan Estate, Romanée-Conti (1,8 hectáreas de viñedos Patrimonio de la Humanidad para la Unesco), la alemana Wehlener-Sonnehuhr, Leflaive Montrachet, la australiana Hill of Grace, Sori San Lorenzo, La Mouline y Adrianna Vineyard. Mientras se lee, uno aprende, desarrolla respeto por las grandes marcas y siente unas ganas terribles de probar todos esos néctares. La combinación es imbatible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN GRAN VINO CHILENO, BIEN MENDOCINO. Una de las grandes marcas históricas de Chile es Casillero del Diablo, que los mendocinos conocemos bien de cuando vamos de vacaciones para allá. Pero una de las grandes novedades de este año es que los Casillero que se venden en Argentina ahora se hacen acá, en la bodega Trivento, que pertenece al grupo Concha y Toro, propietario de la marca. Hacer el Casillero del Diablo argentino no fue de un día para otro. Marcelo Papa, winemaker de Concha y Toro, vino varias veces, y con varios técnicos, para ver cómo Germán Di Cesare y su equipo trabajaban con los vinos de Trivento, y definir si tenían los estándares de Concha y Toro. Y los tenían. Así que le dieron el aval técnico y los vinos se empezaron a producir en Mendoza, con uvas y know how locales. Hay un Malbec, un Cabernet Sauvignon, un Chardonnay y un corte Red Blend, que ya lo probé y está de la hostia. Es un corte Malbec-Cabernet Sauvignon, y es tan sabroso que la botella se acaba en un ratito. Y ese es el mejor elogio posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARA ALBÓNDIGAS, FOGÓN. Una de las maravillas de la gastronomía es cuando se logra reinventar un plato canalla y llevarlo a un nivel superior. Eso pasa con las albóndigas de Fogón, en la bodega Lagarde. Lucas Olcese y su equipo preparan una mezcla de carne de cerdo, carne de vaca y panceta, y después las cocinan en una salsa pomodoro y le ponen un toquecito de perejil. Pero adicionalmente, las acompañan de dos maneras diferentes: una, con espinacas salteadas en oliva, crema de leche y parmesano; o en la otra versión, con milhojas de papa cocinadas primero al horno y después con crema de leche, salsa blanca y el mismo parmesano celestial. Son una maravilla. Y por si fuera poco, se sirven en dos cazuelas de hierro que mantienen todo el calor y el sabor. En Mendoza, son para mí un plato distintivo de Fogón, y ya lo tengo entre mis favoritos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CITAS PARA CARETEAR (EL PRIMERO QUE COMIÓ UN CERDO). La mente humana no tiene límites, incluso para imaginar cómo fue la primera vez que alguien probó la carne de cerdo asada. En su obra “A Dissertation upon Roast Pig”, Charles Lamb narra que un criador de cerdos inmola accidentalmente un chiquero y… “mientras pensaba qué le diría a su padre, y se retorcía las manos sobre los restos humeantes de una de aquellas víctimas prematuras, lo invadió un olor distinto a cualquier otro aroma que hubiera olido hasta entonces (…) Luego se agachó para tocar el cerdo, por si había alguna señal de vida. Se quemó los dedos, y para enfriarlos se los metió en la boca como un necio. Algunos trozos de la piel chamuscada se le habían pegado a los dedos, y por primera vez en su vida (en la vida del mundo, en realidad, ya que antes de él ningún hombre las había conocido) probó ¡las cortezas de cerdo!”. Fin de la cita. Y a salir corriendo a comer un cerdito crocantito.

 

CERDO CON CHARDONNAY. Dicho sea de paso, el cerdo se puede acompañar con un montón de vinos, pero a mí me gusta particularmente con Chardonnay. ¿Por qué? Y, porque me gusta con Chardonnay. Pero también me gusta con tintos, y más con tintos livianos que pesados. Aunque a veces tengo uno de esos tintos pesados y también me gusta, porque la cosa también depende de qué parte del cerdo estoy comiendo, porque no es lo mismo un bocado grasoso que un bocado de una pieza más seca. Pero no importa: va bien con muchos vinos. Pero si nunca lo probaste con Chardonnay, vale la pena hacer la prueba. Total, si no te gusta, volvés a los otros y listo.

 

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