Mauricio LLaver
19 noviembre, 2017 20:56

Reflexiones de Pepe Carvalho sobre la comida

Una recopilación de la filosofía del detective gourmet extraída de diversos libros.

  • Comer solo siempre produce bajón. Ante este problema, sólo vale comer mucho y bien.
  • Carvalho contenía sus emociones íntimas en parte porque los goces solitarios siempre le habían parecido intransferibles.
  • Una excesiva exteriorización de la alegría de comer guarda relación directa con la propina que has de dar. Un camarero es un fino analista sicológico, y en cuanto descubre en tus ojos el éxtasis se te acerca, te pide de viva voz que se lo confirmes y te mira los bolsillos del alma y del cuerpo con una complicidad de compañero de goce que para él no será orgasmo hasta que le dejes un quince por ciento de la nota en concepto de propina.
  • Ningún ser humano indiferente ante la comida es digno de confianza.
  • Los buenos placeres siempre están en la memoria.
  • Hay que beber para recordar y comer para olvidar.
  • Yo nunca como cualquier cosa.
  • No hay peor sensación de soledad que comer solo en una habitación de hotel. La soledad del ayunante es la peor de las soledades.
  • Hasta la calle llegaba el olor a ahumado rancio de las salchichas de Frankfurt industriales, combinado con el hedor de una mostaza hecha con ácido úrico. El odio de Carvalho por aquel tipo de establecimientos, a su juicio tan corruptores de la juventud como la droga o los padres tontos, se traducía en la descripción mental que interponía entre lo que sus ojos veían y lo que su cerebro sancionaba. El frankfurt, aquel turbio alimento, sin duda inventado con mentalidad de asesino lento, pero seguro, de cosmonautas con poco paladar.
  • El sexo y la gastronomía son las cosas más serias que hay.
  • No me fío de la gente que habla con el estómago vacío.
  • La democracia ha aportado algunas ventajas culturales a la Barcelona actual; por ejemplo, el desarrollo de una cocina muy interesante, muy sincrética, en la que se mezcla todo lo que se guisa, todo lo que se sabe y todo lo que se recuerda, para hacer posible una cocina de autor. Bajo el fascismo, en cambio, todo eran paellas y bocadillos de chorizo.
  • Madrid sólo ha aportado a la cultura gastronómica del país un cocido, unos callos y una tortilla. La tortilla del Tío Lucas.

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