Mauricio LLaver
16 mayo, 2021 01:50

Los franceses eran deliciosos

En la introducción del capítulo 2 de la “Historia de la Comida”, Felipe Fernández Armesto cita de esta manera a Patrick Leigh Fermor acerca del canibalismo.

“El canibalismo es un problema. En muchos casos, esta práctica está más enraizada en mitos y supersticiones que en la gastronomía, pero no siempre es así. Un dominico francés del siglo XVII observó que los caribes tenían ideas muy claras sobre los méritos relativos de sus enemigos. Como cabía esperar, los franceses eran deliciosos, los mejores con diferencia, algo que no nos sorprende incluso dando por sentado un cierto chovinismo. Los ingleses venían a continuación, me alegra decir. Los holandeses eran sosos y pesados, mientras que los españoles eran tan fibrosos que casi no tenían carne, incluso hervidos. Lamentablemente, todo esto me suena a glotonería”.

En una entrevista posterior, Fernández Armesto dejó más ideas sobre el canibalismo:  “Es interesante moralmente, yo no veo nada en contra del canibalismo, siempre que el cadáver que te pongas a comer haya muerto antes de un modo decente… Es algo normal en las sociedades humanas; casi todas lo han practicado en una etapa determinada de su historia”.
Fernández-Armesto precisa que el canibalismo, salvo en contextos de guerra o hambruna extrema, casi nunca se utilizó como forma de alimentación. “Lo normal es que el canibalismo se practique por motivos morales, para apoderarse de las características de las personas que se come; por vengarse de los enemigos, o bien por respeto a los muertos de la propia comunidad, porque comerse a otro ser humano es una muestra de piedad, una forma de evitar que se los coman los gusanos, por ejemplo”.

 

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