Mauricio LLaver
18 noviembre, 2018 23:28

Las comilonas de los romanos

El banquete de Trimalción, descripto por Petronio en “El Satiricón”, muestra cómo comían los ricos en el Imperio, durante el Siglo I.

Petronio fue un escritor satírico coetáneo (y al parecer protegido) de Nerón. Su obra “El Satiricón” retrata el día día de la vida romana en las postrimerías del primer siglo. Básicamente “El Satiricón” describe las andanzas de un hombre disoluto llamado Encolpo, junto a dos compañeros. En uno de sus episodios describe un ampuloso festín en casa de un liberto riquísimo, Trimalción, imagen universal del “nuevo rico”. De ahí podemos saber cómo se disponía una mesa y cuál era el ritual y las partes de un banquete romano.
Las comidas se hacían (sobre todo la cena) en el triclinium o comedor, que se puede describir como una sala con tres lechos, en torno a una mesa de la que todos se servían. Los comensales se recostaban sobre el brazo izquierdo y comían con los pies descalzos. En cada uno de los lechos se instalaban tres personas en sus respectivos lugares de derecha a izquierda: lecho superior, medio e inferior.
Las casas romanas ricas poseían por lo menos dos triclinium, el de verano y de invierno, según la dirección del sol.
La cena descrita por Petronio se inicia lavándose las manos después de haber salido del baño en las termas. Primero se sirve la “gustatio” o entrada de aperitivos. La cena propiamente dicha, summa cena, constaba de cuatro platos o servicios, y vino abundante para hidratar. Se terminaba con la secundae mensae o postre y más y más bebida (los romanos bebían el vino mezclado con agua caliente y especias y al vino puro sin mezcla lo reservaban para las libaciones religiosas).
Fuera de lo meramente culinario, las cenas “de gala” observaban una etiqueta inmemorial en la que se meditaba sobre la muerte, se ofrecían regalos y pequeñas sumas de dinero, y libaciones a los dioses. Cuando se servían los postres se debatían temas filosóficos o literarios y se recitaban versos. Los invitados se perfumaban y coronaban de flores, y se cantaba.

Los signos del zodíaco
En el Satiricón se “satiriza” sobre el refinamiento excesivo de algunas cenas cuando en un momento dado del banquete se sirve una fuente con los doce signos zodiacales dispuestos alrededor. El cocinero había puesto sobre cada uno de ellos un pequeño manjar:
“…sobre Aries, garbanzos que semejan el carnero; sobre Tauro, un trozo de buey; sobre Géminis, criadillas y riñones; sobre Cáncer, una corona; sobre Leo, un higo chumbo; sobre virgo, una vulva de cerda joven; sobre Libra, una balanza en uno de cuyos platillos había una tarta y un pastel en el otro; sobre Escorpio, un pececillo marino; sobre Sagitario, un caracol; sobre Capricornio, una langosta de mar: sobre Acuario, un ánade; sobre Piscis, dos mújoles. El centro estaba cubierto de césped, sobre cuya hierba había un panal de miel…”

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