Mauricio LLaver
24 abril, 2019 00:29

La última comida de los condenados

Esta columna la escribí para El Sentinel en enero 2011. Se basa en un libro del fotógrafo británico James Reynolds, quien fotografió los menúes que habían solicitado algunos condenados a muerte en Estados Unidos antes de ser ejecutados. De paso, obvio, hablé sobre la pena de muerte.

(Foto: James Reynolds)

El mundo está lleno de literatura sobre gastronomía, pero siempre hay algo que nos puede sorprender.
Un fotógrafo británico, llamado James Reynolds, acaba de dar una nueva muestra de imaginación artística, salvo que es un tanto tétrica. Porque Reynolds fotografió simples bandejas de comida, con el detalle de que eran menúes pedidos para su última cena por condenados a muerte.

La historia tiene detalles que los periodistas llamaríamos “de color” (las curiosidades sobre las comidas en sí, por ejemplo), pero su trasfondo lleva inevitablemente al tema irreversible de la pena de muerte.

La ya ineludible (aunque lejos de infalible) Wikipedia, registra que 69 países todavía la contemplan dentro de su legislación. Y que algunos (como Irán y Pakistán), la aplican también a menores de 18 años.

El “world leader” es China, con un dato impresionante: en años como 2004 tuvo más del 90% de las ejecuciones mundiales. Singapur tiene la mayor tasa per cápita, con 70 ahorcados por año en una población de cuatro millones de habitantes.

De ello deben señalarse algunos datos adicionales, como que China ha pasado de los pelotones de ejecución a las inyecciones letales (se está “humanizando”…), o que Singapur tiene a su vez la menor tasa de asesinatos del mundo (junto con Japón).

Pero el país que más ruido hace al respecto es Estados Unidos, seguramente por ser la gran caja de resonancia del mundo y por el detalle, no menor, de que allí hay un debate de ideas que no existe en países como China.

Las fotografías de Reynolds hacen de disparador sobre muchos detalles relacionados con el tema, algunos de los cuales fueron recopilados por el blogger argentino Julián Gallo.

Uno es que la “última comida” no es de elección libre sino que está reglamentada por cada Estado que aplica la “death penalty”.

En Virginia, por ejemplo, el condenado debe elegir entre uno de los 28 menúes rotativos que se sirven en la cárcel.
En Texas (el Estado que más ejecuciones realiza) los cocineros son más flexibles y tratan de adaptarse a los deseos de los “dead men walking”, aunque no siempre. En un caso, uno pidió “filet mignon” pero se le dio una hamburguesa. En otro, fue cuestión de cantidad: ante una solicitud de 24 tacos, al reo se le sirvieron sólo cuatro.

El Departamento Correccional de Florida también tiene su reglamento, y la última cena no puede costar más de $ 40 y debe ser preparada con productos comprados localmente.

Jeremy Harlan, un reportero gráfico especializado en cubrir ejecuciones, señala algo que expresa mucho el morbo que rodea al tema: “En las notas periodísticas más populares, siempre al lado de las últimas palabras que dijo un preso, aparece lo que comió antes de la muerte”.

Timothy McVeigh, (atentado de Oklahoma, 1995), se despachó un kilo de helado de menta con chips de chocolate. Y el menos famoso Larry Hayes (doble asesinato, Texas, 2003) optó por dos hamburguesas con queso y doble panceta, papas fritas, aros de cebolla fritos, salsa de tomate, ensalada de repollo, dos Coca-Cola diet, un litro de leche, medio litro de crema, aderezo para ensalada, tomate y cebolla.

Cosas de la existencia, hay una gran diferencia entre los “dead men walking” y nosotros: ellos saben que es su última comida, mientras que nosotros no podemos tener certeza al respecto. Lo cual da lugar a muchos interrogantes, entre ellos si todavía es civilizado que exista la pena capital. Aunque no es algo que vayamos a solucionar pronto.

2 responses to La última comida de los condenados

  1. “Ellos saben que es su última comida, mientras que nosotros no podemos tener certeza al respecto”

    otro interrogante sería si de verdad es “necesario” cuidarse en las comidas, ya que cualquiera de estas puede ser la última…

    por muchas cenas más.

    Aereal.

  2. También es interesante que se pidió o se sirvió en la última cena como indicador socioeconómico de las personas condenadas. A ver cuantos pedidos de milhojas de papas hubo y cuantos de papas fritas.
    Papas fritas! Son ricas, es innegable, pero si es tu última comida, como vas a pedir una hamburguesa con papas fritas y todo el combo del fast food….
    Es triste saber que se sigue aplicando la pena de muerte, los medios no se ocupan mucho de eso, no meten presión, pero también es triste escuchar gente que ante un hecho de inseguridad que sale de los habitual pide la pena de muerte como método de intimidación a otros posibles delincuentes, o como eliminación del actor (tanto pena de muerte como que se pudran en la cárcel), hay vemos que a la humanidad le falta humanidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *