Mauricio LLaver
24 abril, 2019 00:36

El huevo de Nabokov y otros placeres literarios y gastronómicos

La periodista y escritora chilena Elizabeth Subercaseaux recopila en el último número de la revista “In” algunas recetas de grandes escritores. Un verdadero maridaje de literatura y gastronomía.

Huevo a la copa, de Vladimir Nabokov

El famoso huevo del autor de Lolita, más que un huevo a la copa es una pequeña joya literaria y prueba también del humor del inolvidable escritor ruso. “Ponga el agua a hervir en una olla (cuando se forman globitos quiere decir que ya está hirviendo); escoja dos huevos (para una persona) y sáquelos del refrigerador. Póngalos bajo agua tibia para prepararlos. Coloque cada huevo en una cuchara, uno después del otro, y déjelos caer suavemente en el agua hirviendo. Consulte su reloj pulsera. Sepárelos con la cuchara para impedir que se choquen (los huevos tienden a rodar). Si cualquiera de los huevos se rompe en el agua (ahora hirviendo como loca) y empieza a despedir una nube de una cosa blanca como una médium en una sesión antigua, pésquelo y tírelo a la basura. Tome otro y sea más cuidadoso. Después de 200 segundos o digamos 240 (tomando en cuenta las interrupciones), empiece a sacar los huevos. Póngalos con la parte redonda hacia arriba, en dos copas. Con una cuchara pequeña, dé unos golpecitos, tap-tap, a la redonda y trate de abrir una tapa en la cáscara. Tenga a mano un poco de sal y pan (blanco) con mantequilla. Cómalos”.

 

El caldillo de congrio de Neruda

De todos los caldillos de congrio que usted habrá comido en su vida, el mejor es el que se prepara siguiendo casi, paso a paso, la Oda al Caldillo de Congrio, de Pablo Neruda. El poeta cocinaba este caldillo en su casa de Isla Negra, tal como él mismo lo indica en su poema.

Llevar a la cocina el congrio desollado. En una sartén con aceite de oliva “…deja el ajo picado / caer con la cebolla / y el tomate / hasta que la cebolla / tenga color oro. / Mientras tanto / se cuecen / con el vapor / los regios / camarones marinos / y cuando ya llegaron / a su punto, / cuando cuajó el sabor / en una salsa / formada por el jugo / del océano / y por el agua clara / que desprendió la luz de la cebolla, / entonces / que entre el congrio / y se sumerja en gloria, / que en la olla /se aceite, / se contraiga y se impregne. / Ya sólo es necesario / dejar en el manjar / caer la crema / como una rosa espesa, / y al fuego / lentamente…”.

 

 Sopa de callampas de Isabel Allende

Isabel Allende creó una fantástica sopa de callampas, afrodisíaca, “la sopa de la reconciliación”, para todas aquellas mujeres que quieran reconciliarse con el amante, el marido, el novio, o lo que sea. “Escojo toda clase de callampas frescas y si no encuentro callampas frescas y debo recurrir a las secas, las remojo en media taza de un buen vino tinto hasta que se esponjan alegremente, mientras me bebo el resto del vino con toda calma. Luego pico el ajo por el puro gusto de olerme los dedos, porque igual podría usarlo entero, y lo frío junto a las callampas y champiñones en aceite de oliva, revolviendo con fervor por unos cuantos
minutos, no los he contado, pero digamos cinco. Agrego el caldo, el oporto y el aceite de oliva trufado, no todo, dejo un par de gotas para ponerme detrás de
las orejas, no olvidemos que es afrodisíaco. Aliño con sal y pimienta y cocino a fuego suave con la olla tapada hasta que las callampas se ablanden y la casa huela a paraíso. Al final lo trituro en la licuadora; esto es lo menos poético del cocimiento, pero inevitable. Debe quedar con una textura algo gruesa, como
de lodo, como un perfume que hace salivar y llama a otras secreciones del cuerpo y del alma. Me coloco mi mejor vestido, me pinto las uñas de rojo y sirvo la sopa decorada con crema agria en platos calientes”.

 

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