Mauricio LLaver
25 enero, 2022 19:42

Bordeaux: viñedos que valen millones, sin alambrado

Un hecho llamativo para un mendocino es comprobar que los viñedos no tienen ninguna separación en un lugar donde la hectárea promedio vale un millón de dólares.

 

En las zonas vitivinícolas de Bordeaux no se ven alambrados. Esa es una comprobación llamativa para un mendocino, acostumbrado a la clara división entre los terrenos. Aquí cualquiera puede acceder caminando a viñedos cultivados en zonas como Pomerol, donde, según algunos cálculos, la hectárea promedio cuesta tranquilamente un millón de dólares.

Con esos precios, es lógico que no haya viñedos de grandes extensiones, en paños como los que estamos acostumbrados a ver. Más bien se encuentra todo lo contrario: châteaux –o bodegas, en definitiva- con uvas distribuidas en muchas parcelas distintas, separadas a veces por kilómetros.

En el caso de La Violette, Le Gay y Montviel –donde nos encontramos- se trata de 44 parcelas, que conforman un total de 33 hectáreas. Es decir, un promedio de menos de una hectárea por parcela. A cada una de ellas hay que cuidar, seguir, estudiar, podar, cosechar. Y cada una tiene sus particularidades de suelo: arenoso, arcilloso, pedregoso, sus combinaciones entre sí y sus distintas composiciones. Todo lo cual genera un rompecabezas a la hora de la cosecha, en que hay que planificar cómo esas uvas distintas y distantes se ensamblan a la hora de entrar a la bodega.

Catherine Peré-Vergé, propietaria de los châteaux (y de la bodega Monteviejo, en Mendoza), resume claramente el trabajo: “Nos lleva la mitad del tiempo decidir cómo preparar la cosecha en función de los assemblages entre las uvas de las distintas parcelas”. Un rompecabezas que los consumidores de a pie ni siquiera nos imaginamos.

 

El plano, dibujado a mano, que Marcelo Pelleriti utiliza para el seguimiento de las 44 parcelas de uvas que cosecha.

 

 

 

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