Mauricio LLaver
15 febrero, 2019 15:48

Aprender no es tan difícil

Entender de vinos no requiere de grandes complicaciones. Sólo se necesita un poco de atención.

(Por Caius Apicius).

¿Cuántos manuales sobre “cómo entender de vino” se editarán cada año en el mundo? Muchísimos seguramente. Y es que no falla: en cuanto un tema se pone de moda, proliferan los expertos que consideran su obligación poner sus conocimientos por escrito con el propósito de obtener ganancias monetarias exhibiendo esos conocimientos.

Y así proliferan los libros en los que se pretende explicar al público todos los misterios del vino.

Hay que decir que, en general, se venden, porque el tema interesa. Pero también hay que decir que entender de vinos lo suficiente como para disfrutarlos con conocimiento de causa es una cosa que no tiene demasiadas complicaciones y sólo requiere un poco de atención.

Desde luego, lo que hay que borrar es esa imagen cinematográfica del ciudadano al que le ponen delante una copa de vino y, muy serio, la mira, la huele, prueba el vino, se pone más serio todavía y afirma:  “Château Margaux de 1985”. Eso, en las películas y en la televisión, queda muy bien, pero es muy irreal. Lo de jugar a las adivinanzas está muy bien para los niños, pero no en un asunto tan serio como el vino.

No hay más que una manera de saber de vino, que es bebiendo muchos vinos. Ojo al plural: no es lo mismo “muchos vinos” que “mucho vino”. Bebiendo muchos vinos y fijándose un poquito.

Lo primero que tienes que hacer ante un vino, una vez que lo has mirado, lo has olido y lo has bebido, es decidir si te gusta o no. Tan sencillo como eso. En cualquiera de los dos casos, lo que tienes que hacer es tener claro por qué te ha gustado, o por qué no te ha gustado.

Por supuesto, te interesará por saber qué es lo que has bebido, quiero decir que te preocuparás de conocer la procedencia del vino, su edad y las variedades de uva con las que está elaborado, de modo que si lo vuelves a encontrar, con ellas pueda reconocerlas. Es más fácil de lo que parece.

Poco a poco, vino a vino, irás recordando las características de esas variedades. No te abrumes: tampoco es que haya tantas. La mayor parte de los vinos del mundo se elaboran con un pequeño número de variedades de uva. Si eres capaz de identificar y recordar la cabernet-sauvignon, la merlot, la malbec, la pinot noir y la chardonnay ya tienes bastante para quedar como un sabio ante tus amigos.

Porque, poco a poco, irás ampliando conocimientos e interesándote por variedades menos “universales”. Recuerda cómo huelen y a qué saben los vinos elaborados con cabernet-sauvignon, que son los que más vas a encontrar por ahí, y habrás puesto la primera piedra del edificio, que será tan grande como quieras, de tus conocimientos de vino.

Después de cierta práctica verás cómo el aspecto del vino te contará cosas sobre su edad, cómo en tu nariz le hablará de su origen, cómo en la boca te contará cosas de su tierra. No tienes más que dejar hablar al vino y “traducir” su lenguaje al de los humanos. Quedarás como un auténtico experto.

No arruines ese prestigio, una vez conseguido, jugando a las adivinanzas. Tampoco te dediques a puntuar vinos; todavía no me ha explicado nadie, ni siquiera los máximos “gurús” del vino, qué matices hacen que un vino merezca 94 puntos y otro 93. El vino está hecho para disfrutarlo. Fundamentalmente, para beberlo, y sobre todo para beberlo comiendo. Se merece ser comentado, más que nada si es para bien. Pero no vale la pena someterlo a un examen para ponerle nota.

Juan Castillo, ‘Plegaria 2’, acrílico sobre tela. Marchand Dr. Daniel Augusto Rueda: info@danielaugustorueda.com.ar

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